Merodeo sentimental

Hoy quiero repetirlo, y ya nopuedo.
         No puedo repetirme aquel tan quedo
rumor de la llovizna sobre el huerto.

Qué desierto aquel patio abandonado.
Qué secas, en sus tiestos las peonías.
¡Yo no sé lo que tienen estas cosas
que se parecen a las cosas mías!

          Y un cuádruple rumor:
           cantaba un grillo;
de un árbol, en las cúspides entecas
picoteaba un menudo pajarillo
desprendiendo una lluvia de hojas secas;
la llovizna rezaba su estribillo;
           y lontana,
           cual música de ensueño,
           una orquesta profana
desmadejaba su profunda pena
en las neurosis de algún vals de Viena.

Emanaciones de un perfume doble
que las penumbras del recinto llena,
y que trascienden tanto a incienso y roble
como a salvias que guarda una alacena.

Desolaciones que en silencio cubre
de un fino polvo la ceniza austera.
           Era la primavera
y aquello ampliaba una visión de octubre.

          Pasillos penumbrosos,
          huérfanas honacinas,
resecas por sin riego las toronjas.

Casa de aquellas monjas
que fueron mis vecinas.

 

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Francisco González
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