ELEGÍA DE SAN PETERSBURGO

Calles deshechas;
fachadas que caen en migajas...
Es triste...
En su género la ciudad más bella
del mundo,
inundada de agua lívida.
El Neva se extiende hacia su pálido delta...
es el mar que sube hacia nosotros.

Diáfana, fantástica, extendida
a todo lo que dan los brazos;
a lo largo de todas las riberas...
Los palacios: duros rectángulos
enormes joyas duras
al filo del agua.

Cien perspectivas escalonadas,
a cual más grandiosas, hacia el mar...
El agua se estremece entre los bordes...
inquieta, se riza entre las piedras.
Y todavía veinte avenidas más,
perspectivas hacia espacios
cada vez más amplios, más aéreos.

Casas viejas, enormes, arrugadas, ateridas
a punto de desplomarse, testigos de un pasado
más gigante que grandioso.
Una pesadilla que te persigue
a punto de dispersarse...

La ciudad se eleva; se extiende
hacia las nubes... ya nada la ata a la tierra.
Pedro, ¡Emperador de las Estepas y del Mar!
se abalanzó a la distancia, extraviado...
quiso tener su ciudad en el puño de su mano.

Luis Ortíz Macedo

 

 

Poemario Arquitectura y Humanidades