Arquitectura y Humanidades
Propuesta académica

Recomendaciones para la presentación de artículos y/o ensayos.

La arquitectura, indispensable para el hombre

Edgar Franco Flores




¿Qué es la Arquitectura?

Contenido


La poética del espacio de Gaston Bachelard en referencia a la Arquitectura
La esencia de la Arquitectura


Sobre la plaza de los Héroes en Pachuca, una aproximación a su voluntad arquitectónica generatriz
La Arquitectura: Testimonio de un tiempo lejano y distante


Algunos aspectos a considerar
Conclusiones
 

¿Qué es la Arquitectura y qué función desempeña en la vida de los hombres?


Fotografía 1.


A primera vista la respuesta es simple, y podríamos encontrar una definición abstracta y adecuada que describa las características propias de la arquitectura, su objetivo, sus usos y su finalidad. Sin embargo, la Arquitectura va más allá de una sencilla abstracción, ha cobrado vida propia, porque dicha vida está implícita en el hombre mismo. La Arquitectura y el hombre han establecido una relación única e inquebrantable. ¿Cuántas veces un hombre se ha sorprendido en un lugar lejano, admirando las bellas obras arquitectónicas que le rodean, pero en el fondo extrañando aquellas que le son familiares y con las que ha crecido? Cada edificación, en la que hemos vivido una pequeñísima parte de nuestra vida [1], establece una relación profunda con nosotros mismos, cada espacio en el que ingresamos, forma parte de nosotros y por él es que recordamos aquello que acontece en su interior.

Los espacios arquitectónicos nos acompañan siempre, nos rodean y nos cobijan, en todo aquello que hacemos o emprendemos, forman parte de nuestros recuerdos, son puntos de referencia y escenarios que cambian con nosotros mismos, el espacio arquitectónico elemental nos habla de esto: la casa-habitación. Michelet, citado por Bachelard lo describe de esta manera: "La casa es la persona misma, su forma y su esfuerzo más inmediato; yo diría su padecimiento" [2]. El espacio arquitectónico vive con nosotros, en nosotros, se regocija a la par que nuestras alegrías, pero sufre y padece con nosotros por infinidad de sufrimientos. Los espacios se convierten en amigos inseparables de nuestra vida, o se transforman en ruinas abandonadas que existen en el olvido, cada ser humano es capaz de definir a la arquitectura. Todas [las obras] son "un para" y "un hacia" que desembocan en un hombre concreto, que a su vez sólo alcanza significación dentro de una historia precisa [3].

Cada espacio en el que vivimos y que llegamos a conocer se convierte en parte de nosotros, en una extensión de la simple casa-habitación en la que vivimos. Los espacios arquitectónicos a lo largo y ancho de la ciudad son parte de nuestro hogar: los reconocemos, los vivimos y los extrañamos. La ciudad, las obras arquitectónicas y los espacios específicos que las componen son como el árbol en el que anida el pájaro que describe Bachelard. "El árbol es un nido en cuanto un gran soñador se esconde en él" [4]. Así son los espacios arquitectónicos: sitios de intimidad, de soledad y convivencia, lugares que el hombre adopta o rechaza, espacios donde el hombre crece y se desarrolla más allá de simples experiencias vagas y aisladas.

Cada ser humano establece una relación con el edificio y el espacio que se alza delante de él. Los privilegiados elogian la ciudad, mientras los olvidados no la conocen [5], la obra arquitectónica habla de la verdad del hombre, de cada hombre, de cada ser humano que habita el espacio. En este sentido y al retomar las ideas de Octavio Paz sobre la poesía y el poeta, quien nos dice que: El artista es creador de imágenes, es poeta [6], vemos que estas imágenes creadas se expresan por medio del lenguaje, pero son capaces de trascender ese lenguaje, son fiel reflejo de la historia y la trascienden. El artista logra que los instrumentos que utiliza se sirvan para recobrar su fuerza original, es decir, la esencia, la verdad de cada obra.

¿No debe suceder lo mismo con la arquitectura? Ésta es noble, debe servir al hombre. Debe expresar la verdad del hombre, de cada hombre, cada lector busca algo en el poema. Y no es insólito que lo encuentre: ya lo llevaba dentro [7]. Cuando leemos un poema, hallamos en él algo que nos conmueve, algo con lo que profundamente nos identificamos, como si una parte de nosotros estuviera presente en él, ¿o acaso somos nosotros parte de cada poema? La arquitectura es parte de nosotros y nosotros, de ella, ésta no puede ser generalizada y convertida en simples palabras abstractas, lenguaje del hombre actual, que busca entenderlo todo, aunque rara vez llegue a la verdadera comprensión. "¿Alguna vez han intentado describir al ser humano? ¿Qué sería lo primero que les vendría a la mente? El sólo hecho de hacerlo parece tan difícil. El ser humano es complejo en sí mismo, es inteligencia, sí, pero eso no lo es todo. Sería muy injusto calificarlo así, es sentimientos, pensamientos, emociones, pero sería muy injusto también" [8]. Intentemos definir a la arquitectura, que es reflejo de lo que el hombre es, ésta habla de todo lo que hombre desea, piensa y vive. Cada espacio dice algo de nosotros, porque dicho espacio es parte de nosotros mismos, ¿o acaso somos parte nosotros de cada espacio arquitectónico?



La poética del espacio de Gaston Bachelard en referencia a la Arquitectura


Fotografía 2.


"Entonces, desde el fondo de su rincón, el soñador se acuerda de todos los objetos de soledad,
de los objetos que son recuerdos de soledad y que son traicionados por el solo olvido, abandonados en un rincón".
(Bachelard, 1997).


Si se me pidiera cerrar los ojos y encontrar en la profundidad de mí mismo un lugar en el cual pudiera sentirme cobijado y seguro contra todo miedo del mundo exterior, un único sitio vendría a mi mente para socorrerme: la localidad de Real del Monte, comarca pequeña, ubicada a unos cuántos kilómetros de la Ciudad de Pachuca, enclavada entre altas estructuras montañosas que resguardan una serie de construcciones antiguas que han sobrevivido al paso de los siglos. Real del Monte es una población que data desde los inicios de mil ochocientos, cuando los primeros ingleses, integrantes de la "Sociedad de Caballeros Aventureros de las Minas de Pachuca y Real del Monte" [9] arriban a estas tierras para fungir como apoyo a la decadente minería. Mi imaginación vuela y me transporto de repente a esa época distante, pero ¿por qué establecer un hogar en ese sitio? Las montañas, el cielo bello y claro y el horizonte lejano, un clima frío y mañanas enmarcadas por espesa niebla que lo cubre todo; cubre nuestras casas, nuestros pensamientos e ilusiones el caminar por ese paraje antes de la salida del sol y sentir las diminutas gotas cristalinas que flotan por doquier ¿acaso este sitio era un estrato de Inglaterra enclavado en una tierra desconocida?

Las casas comienzan a nacer lentamente en las faldas de las montañas, los materiales: piedra, adobe, muros sólidos y gruesos, generan construcciones coronadas con techumbres de lámina inclinadas en varias direcciones, lámina que es el escudo contra la lluvia frecuente que cae en la zona. Las vigas de madera que atraviesan los espacios altos y que sostienen las techumbres, sensibles a la intemperie y la oxidación, y desde lejos, caminando por las veredas curvas y graciosas, las casas lucen iguales y dotan al amplio espacio de una naciente peculiaridad. Las casas resguardan a sus habitantes. Adentro, se respira un ambiente diferente, circundado por humedad y toque de calidez humana, hacia fuera, las ventanas, apoyadas por balcones que miran hacia el horizonte enmarcan hermosos paisajes bañados por el sol de mediodía. Y ahí, en el interior de cada vivienda, existen hasta hoy esos espacios de los que nos habla Bachelard [10], que cobijan y protegen: los rincones.

La casa es en sí un rincón en el que las tardes transcurren lentamente mientras se desvela la quietud del exterior y el sol se oculta pacientemente en el horizonte. Los muros parecen resguardarnos del peligro del afuera. La penumbra interior se extiende por doquier, y nos invita a meditar y buscar en nosotros mismos. Los muros parecen cerrarse en torno a nuestros cuerpos, y el silencio nos envuelve por completo mientras los cantos de los pájaros lentamente se desvanecen en la oscuridad que avanza. Rincones interiores que han nacido y que se niegan a morir y sucumbir al frío del olvido.

Los rincones cobran vida propia, y huyen de repente de las viviendas, es decir, salen a habitar espacios exteriores ¿escaparán acaso por las ventanas amplias que miran hacia el vacío? En Real del Monte cada casa es un contenedor de rincones, y entre las viviendas también se han desperdigado otros rincones. Amplias escaleras y callejuelas de piedra comunican a las viviendas, y forman nuevos espacios que son rincones en donde los ecos de los niños pueden escucharse al anochecer. Y me pregunto entonces ¿acaso esas risas son todos los niños que han jugado en ellos por más de cien años? ¿Qué habrán imaginado en esos rincones? ¿Hacia dónde habrán viajado y que hermosos parajes de Europa, África o Asia habrán visitado? ¿Acaso los niños ingleses habrán regresado imaginariamente a su amada tierra? Los rincones llaman siempre a nuevos conquistadores del espacio, se escurren por las noches a lo largo y ancho de ésta y de toda ciudad dormida, se adueñan del sitio, del lugar. Las casas son rincones de las ciudades, y entre ellas, y dentro de ellas existen rincones también. Deja que cada rincón susurre al oído y te lleve a donde deseas ir.

En los rincones de Real del Monte descubrirás el mercado donde la gente converge, en las esquinas de las calles encontrarás locales confortables, entra en ellos y el olor de un paste caliente te poseerá y te invitará cordialmente a pasar, sigue las veredas altas de la ciudad y hallarás el cementerio inglés en el que sus árboles altos enmudecen al caer de la noche y se transforman en tétrico cobijo. Y la niebla que desciende pacientemente y otorga a cada sitio un carácter de privado, donde puedes penetrar y convivir con la soledad que te acompaña, y a la que rara vez escuchas. En Real del Monte, deja que el rincón te llame y despierte tus sentidos y tu imaginación, permite que cada sitio te transporte, cual alma de niño, a lugares que hace tiempo no visitas, no conoces o simplemente no recuerdas. Las palabras de Bachelard podrán guiarnos en esta travesía: "A veces, cuánto más simple es la imagen, más grandes son los sueños" [11].

A mi mente llegan entonces recuerdos de un espacio en particular ubicado en esta población repleta de rincones. Un sitio que descubrí hace muchos años y que solía visitar en tardes lluviosas y tristes, en compañía de amigos lejanos; una fonda típica enclavada en una esquina y cuyo interior representaba un sitio de aislamiento, donde las pláticas despreocupadas y amenas encontraban una razón para existir. Muebles antiguos que invitan a dejar pasar el tiempo, ambiente acogedor que expresa los cientos de años transcurridos pacientemente. Vigas de madera oscura que aún penden del techo, ventanas que asoman hacia la Iglesia y el parque que se levantan más allá, enmarcados por las viviendas tradicionales y el cielo alto cubierto de nubes grises. Aroma a café y a comida recién horneada. Arriba, en la segunda planta, un sitio especial para juegos de mesa, cuyo suelo de madera cruje con cada paso que las personas dan. Muros que encierran y acogen, invitándonos a la reflexión, ecos interminables que lentamente se apagan, sonidos que parecen ser extraídos de las paredes, que han sido testigos de conversaciones de cientos de años de antigüedad y que nos escuchan, atentas.

Antigüedad que flota en el ambiente, dónde el tiempo parece detenerse, y el atardecer se prolonga indefinidamente; murmullos de personas que arriban. De vez en cuando aguardamos la llegada de algún personaje antiguo y lejano, nos reímos de nuestra ingenuidad. Las luces tintinean poco a poco y alumbran la penumbra que se niega a marcharse, mucho tiempo ha transcurrido desde que visité ese sitio por última vez, pero su recuerdo permanece en mí, viviendo conmigo. Su imagen me acompaña, espacio que no se olvida. Cada uno de nosotros encontrará recuerdos similares que aún existen en nuestro interior, espacios que de alguna u otra manera se han convertido en parte de nosotros, cada espacio arquitectónico es una invitación para penetrar en él. Y la invitación permanece abierta, cada quien encontrará un rincón que ha sobrevivido al paso de los años.


La esencia de la Arquitectura


El hombre como simple constructor, lejos de la voluntad creativa, se ha planteado que uno de los principales aspectos que ha orillado un distanciamiento entre hombre y arquitectura es la evolución del arquitecto y su desempeño dentro de la vida en las ciudades. El hombre es un ser vivo dotado de peculiares dones y capacidades. Su principal característica es su habilidad racional, que lo ha llevado a transitar por caminos completamente diferentes que el resto de los seres vivos.

Sabemos de antemano que la arquitectura, rama que nos interesa en este ensayo, surgió como una necesidad que se buscaba ser resuelta. La capacidad racional del hombre le dotó de la habilidad de adaptar los medios naturales existentes en los alrededores, permitiendo la creación del concepto espacio, que siglos después, cuando el lenguaje del hombre hubo evolucionado hasta altos niveles de abstracción, surgió como base para nombrar y diferenciar las actividades arquitectónicas de todos los seres humanos con respecto a otras. Hemos analizado como la vida y el punto de vista del hombre de nuestros días han sido transformados e influenciados lentamente por distintos aspectos. Una búsqueda y una meta: alcanzar el desarrollo y una evolución, traducida en mejoras en la calidad de nuestras vidas. La hipótesis: la arquitectura se ha convertido en simple satisfacción de necesidades por medio de la construcción.

¿Qué es lo que ha sucedido en la vida social de nuestras ciudades que nos ha llevado al lugar en donde nos encontramos ahora? Un análisis de la esencia de la arquitectura, nos permitirá comprender la situación. La arquitectura es una vaga palabra que ha encerrado a través de los siglos, la conjunción de varios elementos que definen las actividades que los hombres realizan para la satisfacción de necesidades de habitabilidad. Pero la arquitectura es mucho más que esto, su campo de acción y jurisdicción abarca de igual manera aspectos estéticos y necesidades más altas que las simplemente biológicas. Las obras arquitectónicas penetran, por lo tanto, en la esfera cognoscitiva de la Estética: término que reúne aquellas características o aspectos que debe poseer una obra arquitectónica para ser considerada como bella, bajo el supuesto de que la arquitectura forma parte del campo de las Bellas Artes, y no sólo existe como medio de satisfacción de necesidades básicas de los seres humanos.

La estética es un concepto que desde la antigüedad ha sido utilizado para hacer referencia a los diversos aspectos que debe contener un objeto para ser relacionado con el arte, y por lo tanto, con la belleza. Las formas sensibles de las cosas son percibidas por nosotros (de acuerdo a las leyes de los escolásticos) por lo que se conoce como sentido común. Las formas exteriores o apariencia de las cosas que se presentan ante nosotros se conservan y permanecen gracias a la memoria y a la imaginación del ser humano. El instrumento estético por excelencia es el juicio o la razón. Los objetos nos gustan o disgustan debido a la sensación visual que actúa como intermediaria. La vista es el sentido estético por excelencia, mientras que el resto de los sentidos están de alguna manera excluidos.

En arquitectura se ha tomado esta idea como supuesto, y en base a ella se dice que son las sensaciones de la vista las que nos permiten asimilar las impresiones estéticas que el objeto contiene. Pero es la razón la capacidad responsable de generar y comprender aspectos estéticos, dicho juicio o razón puede ser influido por aspectos culturales que rodeen al hombre que realiza las valoraciones estéticas. Dentro del concepto de Estética, el arte conforma aquél instrumento por el cual los seres humanos (autores de obras artísticas -arquitectónicas-) transmiten sentimientos a las personas, por medio de la memoria y la imaginación, influida por costumbres, tradiciones y aspectos propios del modo de vida humana. La estética puede dividirse en dos vías estimativas: la natural (juicio natural) y la cognoscitiva (juicio racional). El ser humano, como cualquier ser viviente, es capaz de experimentar juicios naturales, pero es el único ser que puede experimentar juicios racionales, es decir, ser capaz de sentir, frente a un objeto, placer por considerarlo bello. La belleza es, por lo tanto, un producto meramente intelectual.

La arquitectura, entonces, satisface necesidades propias del espíritu del hombre. La belleza es un concepto que define aquello que agrada a los sentidos, y que de alguna manera permanece con fuerza unido a la vida comunitaria de los seres humanos, traduciéndose físicamente en formas y símbolos que complementan las obras arquitectónicas surgidas de las mentes y manos de los hombres. Sin embargo, los valores estéticos han sufrido al paso de los años, el predominio de un solo juicio y valor: los cánones clásicos, derivados de la cultura griega antigua. Cada pueblo, ubicado en cada tiempo y en cada lugar específico, se ha desarrollado en una vida distinta y única. Cada grupo humano busca no sólo satisfacer sus necesidades inmediatas, sino encontrar la verdad que encierra el mundo que le rodea, todas y cada una de las obras arquitectónicas pertenecientes a cada cultura humana es una expresión de dos aspectos: las necesidades biológicas de la comunidad y sus costumbres, tradiciones y valores sociales, reflejados en formas estéticamente comprensibles.

En el último Siglo, las formas clásicas han jugado un papel fundamental en la valorización y crítica de las obras arquitectónicas, determinando aquello que es universalmente bello y aceptable, de aquello que no lo es. Este punto de vista ha generado que los elementos que conforman a la arquitectura se fragmenten y separen. En cada sitio y en cada pueblo, las consecuencias y expresiones de esta ruptura son diversas. Hemos visto la situación en nuestro país: inferioridad y copia de aquello que creemos bello y verdadero. Sin embargo, detrás de este primer juicio, puede hallarse un aspecto oculto, olvidado hasta ahora, juzgamos veloz e injustamente la situación, un panorama más complejo y amplio nos permitirá conocer y comprender aquello que se oculta detrás de la arquitectura que mira hacia el pasado clásico para existir [12].

La Arquitectura, al igual que el resto de las ciencias y los conocimientos del hombre, han sido cubiertas por la búsqueda de la verdad, una búsqueda que desemboca en principios y valores universales. La ciencia del hombre se ha planteado como objetivo desde hace mucho tiempo encontrar el orden y los principios que rigen todas las cosas. Teorías han surgido, ido y venido por el mundo, cada una de ellas asegurando poseer la verdad absoluta. El hombre sólo busca comprender para anticiparse y controlar, hoy nos damos cuenta, muy a nuestro pesar, que eso no es posible, muchas teorías se han debilitado y caído, no por la carencia intelectual de sus autores (el hombre lo mide todo por su capacidad racional) sino por lo cambiante del mundo que nos rodea. La arquitectura no podía ser la excepción, su objeto de estudio, aquél a quien sirve y satisface es al fin y al cabo el hombre mismo. Los análisis científicos de las últimas décadas nos han demostrado que el mundo se mueve sin cesar y cambia constantemente, existe caos e incertidumbre, que posee su propio orden paradójico. Los esfuerzos del hombre por clasificarlo y racionalizarlo todo han sido inútiles, la naturaleza posee su propio orden, el caos y la incertidumbre son elementos necesarios para lograr el orden y permitir el surgimiento de sistemas estables [13].

La Arquitectura ha intentado vanamente encontrar un orden universal y eterno, y tal vez el dominio de los cánones clásicos fue una fiel expresión de dicho objetivo, esta es respuesta y vida de los seres humanos, quienes, a su vez, son seres que cambian, evolucionan y transforman sus conductas y sus puntos de vista. Una mirada profunda a obras arquitectónicas pasadas nos harán descubrir esta voluntad creativa, que se encuentra siempre presente y que se manifiesta de diversas formas [14]. Los pueblos de la antigüedad se caracterizaron por lograr una armonía con la incertidumbre y el caos, valiéndose de relaciones míticas profundamente valoradas y respetadas por los pueblos.

La voluntad creativa fue una capacidad desempeñada con sumo cuidado, buscando siempre satisfacer cualquier tipo y nivel de necesidad: biológica, social, espiritual. Hoy en día, nuestro vano punto de vista lo ha transformado todo, muchas ramas de conocimiento han aceptado sus límites frente a lo caótico, considerándolo no como negativo, sino como la forma de ser del mundo y el hombre pertenece a este sistema. La verdad amplia y con desesperación buscada, ha sido un concepto erróneo y mal interpretado, ya que "la verdad es, […] algo que se vive en el momento y que expresa nuestra vinculación individual con el todo" [15]. La verdad no es absoluta y estática, sino que se encuentra en cada uno de nosotros, al romper con el abstraccionismo que impera en nuestra mente, y descubrimos aquello que nos rodea como lo que en realidad es algo nuevo y por primera vez visto por nuestros ojos.

La Arquitectura responde al hombre, cada obra arquitectónica encierra sus propios vórtices y aspectos caóticos, cada ser humano es distinto y diferente al resto. La arquitectura no puede ser encerrada nunca en valores estéticos universales, porque cada tiempo, cada espacio y cada lugar hablan de hombres que viven y miran al mundo con distintos ojos. Y la creatividad es una manera de penetrar en el caos para descubrir la verdad. El arquitecto de los últimos años lo ha olvidado, se ha convertido en ese hombre que sólo soluciona necesidades del estrato más superficial, independientemente de las formas arquitectónicas finales, cada obra posee dentro de sí, estratos más profundos y ocultos, valores, costumbres, tradiciones, maneras de responder al caos y a la incertidumbre y la duda. Aspiraciones míticas, políticas o sociales, cultos y homenajes. Pero ¿qué es lo que alimenta a la creatividad? "Algunos lo llaman demonio, musa, espíritu, genio; otros lo nombran trabajo, azar, inconsciente, razón. Para el intelectual - y, también, para el hombre común - la inspiración es un problema, una superstición o un hecho que se resiste a las explicaciones de la ciencia moderna" [16]. Los arquitectos de hoy se valen de la técnica útil y eficaz, buscan clasificarlo y ordenarlo todo, por medio de la repetición de procedimientos que se perfeccionan o degradan, dan la espalda al caos y a la incertidumbre, al trasfondo colectivo y a lo profundo y cambiante que impera en los hombres y se han vuelto simples constructores.


Sobre la plaza de los Héroes en Pachuca, una aproximación a su voluntad arquitectónica generatriz.


Fotografía 3.


"Lo único constante es la materia de la historia, la suma de las energías humanas.
Pero la composición de sus factores particulares y manifestativas resultantes son variables por modo infinito".
(W. Worringer, 1973).

Cada una de las ciudades en las que vivimos posee una historia pasada perdida entre las sombras del tiempo y el espacio. Son tantas las interpretaciones que se han hecho de las formas arquitectónicas que nos acogen a nuestro alrededor, que pareciera que su esencia original flota en el ambiente de manera vaga, hasta desvanecerse por completo en el olvido. Cada interpretación y cada análisis toman como punto de partida datos específicos y verdaderos. Fechas de concepción y construcción, lugares geográficos concretos, autores y grandes mentes inspiradas cuyas ideas magníficas fueron cuidadosamente escritas y esculpidas en aquellos bloques magnos de piedra, en cada una de las grandes moles de concreto, y en cada gruesa y elevada pared que se levanta hacia el alto cielo.

Datos históricos que parecen ser los únicos testimonios fieles del nacimiento de cada obra arquitectónica, sin embargo, cada obra se incrusta en el tiempo infinito, debiendo su existencia física a cientos de manos humanas que depositan en cada bloque de piedra, mole de concreto y sólida pared, sus propios sueños e ideales que se pierden y confunden en la inmensidad del proceso de construcción. Una parte de la propia vida de cada hombre permanece ahí, integrándose en las formas arquitectónicas finales.

La historia de las ciudades se encuentra escrita sólidamente en la arquitectura, como las palabras se adhieren con fuerza al pergamino que las contiene. Un sitio histórico he hallado cerca del centro de la ciudad de Pachuca, una plaza imponente que ha subsistido al transcurso de los años, de la llegada de la modernidad y al ágil y violento paso de los hombres que la viven día con día. La historia nos muestra sus autores, las ideas concebidas por sus mentes brillantes, así como las razones políticas de su construcción, sin embargo, existe algo más profundo detrás de este primer contexto. El sitio, conocido como Plaza Juárez, ha sido una obra heredada del siglo XX, concebida y realizada en el año de 1957, bajo la batuta política de Quintín Rueda Villagrán, buscando afanosamente un elemento de identidad nacional que otorgara valor al nuevo espacio.

Un análisis profundo a la historia de la ciudad permite decidir sus elementos representativos, un rescate de aspectos históricos juega un papel decisivo en el diseño de la plaza y un homenaje al Presidente Benito Juárez García, por medio del genio escultor de su bisnieto Carlos Obregón Santacilia, dando sincero agradecimiento por haber acogido con respeto político el nacimiento del Estado y de la Ciudad: La ciudad de Pachuca, cuyo origen es indiscutiblemente minero. Una actividad que nos hizo ser descubiertos y apreciados, nuestra bandera blandida ante el país y el mundo durante el siglo XVI y XVII, y cuyo recuerdo se encuentra plasmado en el teatro conocido como Bartolomé de Medina, en honor al minero sevillano que nos otorgó fama y fortuna.

La Plaza, así, se convirtió en un sitio cívico no sólo para la nueva organización de la ciudad tras la muerte y desaparición del ferrocarril, sino como un centro de reunión para el respeto político ejercido por el pueblo. Años después, en el inicio de la década de los setenta, el Palacio de Gobierno encontraría en este lugar, la ubicación apropiada para sus funciones. Por último, un enorme parque coronaría el destino de la plaza: La Rotonda de los Hombres Ilustres, un intento de inmortalizar y rendir homenaje a todos los hombres en cuyos esfuerzos se hizo posible la creación y consolidación de la ciudad. Nombres como: Manuel Fernando Soto Pastrana, Alfonso Corona del Rosal, Guillermo Rosell de la Lama.

Las formas arquitectónicas presentes en el sitio pueden ser interpretadas de acuerdo a la guía firme de fechas y eventos históricos, la escultura de Benito Juárez, con su pesadez y sus formas robustas y gruesas, propio de la tendencia revolucionaria de la escultura de principio de siglo, en su búsqueda de una identidad sinceramente mexicana. El Teatro Bartolomé de Medina, copia del teatro original que se ubicaba en otra parte de la ciudad, y que fue demolido por serios daños sufridos por las inundaciones que azotaban la zona, con sus formas arquitectónicas eclécticas: sólidos arcos de medio punto, un sobrio y elegante frontón coronando el sutil acceso, columnas bañadas de estilos clásicos, pilastras simples y cornisas y ménsulas como frío ornamento, y una solidez y firmeza apoyada por bloques blancos de cantera hermosa. Formas arquitectónicas cuyo objetivo era lograr concepciones altas y repletas de buen gusto, imitando el estilo clásico imperante en la arquitectura de Europa.

Tal vez las formas presentes en la Plaza sean hermosas y del buen gusto de la época que las vio nacer; y en ello, son sólo producto de una mentalidad estética que ha encontrado en la cultura clásica su aposento satisfactorio y seguro. Worringer lo ha descubierto ya: lo que llamamos estética científica no es, en el fondo, otra cosa que una interpretación psicológica del estilo clásico [17]. Como bien nos dice Worringer, por mucho tiempo hemos valorado y juzgado cruelmente, a las obras arquitectónicas por su fiel acercamiento a los aspectos arquitectónicos clásicos, olvidando que la arquitectura es más que una simple apariencia sobria y vana: es el reflejo de nuestra propia vida humana. En efecto, existe una voluntad artística, aquello que es en verdad la expresión de lo humano local, y que hace posible el milagro de la concepción arquitectónica, más allá de las formas tangibles que nuestros sentidos perciben; así, cada grupo humano, cada ciudad, cada pueblo y cada cultura, podría ser revalorizada de acuerdo a sus sueños y sus fines comunitarios, aquello que reúne y afirma la colectividad y la unión social.

Aun así, la Plaza Juárez, más allá de las simples formas aparentemente bellas y agradables a la vista, es reflejo sincero de algo más, un estrato profundo y oculto, pero ¿qué es lo que define aquella voluntad artística de la que hemos hablado? Las formas arquitectónicas varían, pero la voluntad permanece presente. Una Plaza, un espacio magno y abierto, libre de espacios religiosos pero no sagrados ¿Qué no acaso el respeto a los hombres y al pueblo no es sagrado y mítico también? Un lugar que despierta respeto y ofrece culto y homenaje a aquellos hombres valientes e ilustres que han sobrepasado la simple capacidad de seres humanos, que han ido más lejos, que han buscado y rebuscado entre la colectividad y entre los sueños ajenos, pero comunes y propios a la vez. Una voluntad emancipándose y encontrando medios de expresión. Indiferente a las formas, ¿cuál es aquello que nos ha definido, aquello que nos hace un pueblo único y distinto a los demás? La respuesta se encuentra tal vez, en espacios urbanos lejanos y distantes, pero cuya voluntad se expresa y sobrevive todavía, como lo es en este caso el espacio abierto, la plaza en sí.

En efecto, sólo algunos kilómetros separan a la ciudad de Pachuca de un complejo arquitectónico prehispánico. Una cultura mesoamericana enigmática cuyas obras arquitectónicas se distinguen por la compañía de monumentales columnas en formas humanas: los Atlantes. ¿Quiénes fueron semejantes personajes, o que papel desempeñaron en la vida de la ciudad antigua? Su existencia y su desempeño fueron suficientes para integrarlos a la arquitectura de la ciudad. Dos aspectos similares a los presentes en la Plaza Juárez surgen en este complejo arquitectónico antiguo y solemne: la búsqueda de la trascendencia de hombres, cuya temple y firmeza fueron elementos suficientes para rendirles honor dentro de la vida urbana de la ciudad enorme. El segundo aspecto se encuentra representado precisamente por esa monumentalidad característica que les otorga vida y presencia dentro de la imagen y vida misma de la ciudad. ¿Por qué guerreros, por qué rendirles homenaje a estos hombres? Esculturas talladas a imagen y semejanza de simples hombres reales, cuya fuerza quizá inspira o infunde profundo respeto. Homenaje, agradecimiento, figuras inertes que se alzan imponentes sobre el vasto horizonte. La idea, la misma que en el presente: escribir la historia de un pueblo por medio de seres humanos que trascienden la memoria colectiva, y de alguna manera maravillosa, se convierten en leyenda de los hombres, cuya imagen permanece más allá de nosotros mismos. ¿Qué no son estas figuras, en sus formas abstractas y simples, lejos de la perfección clásica, hermosas piezas que otorgan algún sentido a la ciudad existente? Respuesta a aspectos históricos y sociales de un cierto tiempo y espacio, reclamando inquebrantables su lugar en la valoración y estimación estética. Una voluntad que se manifiesta, siempre firme y decidida, indiferente a las formas perfectas clásicas inmensamente valoradas por los pueblos. El valor, la identidad y la fuerza de la arquitectura se presentarán de todas formas, de maneras inimaginables e infinitas.


La Arquitectura: Testimonio de un tiempo lejano y distante


Fotografía 4.

En lo personal esta obra arquitectónica me ha cautivado. La conocí hace diez años, pero ahora, con una singular propuesta teórica para comprender de manera diferente la arquitectura, decidí ir a visitarla de nuevo para analizarla mejor. La reacción fue superior a la primera vez que la conocí, es una obra que pienso tiene todo aquello de lo que Hartmann habla en su libro, aunque la palabra escrita dice mucho más que la gráfica, me pareció necesario incluir algunas fotografías para mostrar un poco de manera visual lo que describo en el siguiente texto. Se ha dicho tanto acerca de la arquitectura y lo que ésta debe representar dentro de la vida de los hombres, se ha hablado tanto acerca de sus cualidades y los fines que le dieron vida. Sin embargo, una de las más valiosas y firmes actitudes de la arquitectura es su permanencia en el tiempo, reflejando aquello que fue, y que continúa vivo dentro de sus confines, oculto tal vez a nuestra vaga y lejana mirada. He descubierto una obra arquitectónica bella no sólo por sus singulares y perfectas formas que trascienden al tiempo, sino por todo aquello que dichas formas y espacios reflejan, susurrando memorias de sucesos pasados.

Se trata de un convento que se concibió y comenzó a ser construido hacia el año de 1550, cuando los españoles comenzaban a llegar a nuestra tierra, acompañados de frailes cuya misión era evangelizar y enseñar al pueblo nativo la religión y los principios de la ortodoxia europea. Una magna obra localizada en el estado de Hidalgo, en un sitio conocido como Actopan, cuyo nombre deriva de la lengua náhuatl y quiere decir: "tierra gruesa, húmeda y fértil". Hoy en día, esta obra arquitectónica ubicada en Actopan, conocida como el ex convento de San Agustín de Hipona, se sabe que fue planeada y realizada bajo los mandatos de los frailes de la Orden de San Agustín. Una obra que aún mantiene viva dentro de su ser, algo enigmático y atractivo que revela el lejano pasado en el que nació y vivió.

Para comprender un poco más acerca de lo que hay detrás o en el fondo de esta maravillosa obra de arquitectura, acudimos al filósofo ruso-alemán, Nicolai Hartmann, quien en su obra Estética, habla de aquello que es la arquitectura: "de todas las bellas artes, la arquitectura es sin duda la menos libre: está doblemente atada 1) por la determinación de los fines prácticos a los que sirve y 2) por el peso de la fragilidad de la materia física con la que trabaja" [18]. Dos aspectos que la caracterizan y la delimitan. Sin embargo, de acuerdo con Hartmann, dicho aspectos generan en las verdaderas obras arquitectónicas, estratos, que muestran y se abren hacia el trasfondo que guarda la obra, es decir, la arquitectura "deja aparecer una vida que está dentro de la construcción y de la que da testimonio" [19].

El ex convento al cual hago referencia posee dichas cualidades, y al conocer y vivir sus espacios, éstos hablan de una vida pasada, atrapada y fielmente reflejada en cada lugar y en cada forma. Si algo hemos aprendido, es que la arquitectura es el hombre mismo, y en ella plasma sus sueños, sus metas y sus ideales, de acuerdo a aspectos temporales y espaciales en cada punto específico de la historia. El primer estrato, la composición según el propósito se manifiesta por medio de la técnica constructiva elegida, obligada por la época y delimitada por la mano de obra disponible en el momento. Roca, piedra rígida y pesada, que fue diestramente maleable gracias a miles de manos del pueblo otomí, material que fue usado con cuidado, y que originó pesadez obvia, necesaria para demostrar la fuerza y el poder de los conquistadores, quienes eran dioses frente a las miradas nativas e inocentes. Sin embargo, algo más puede captarse en esas formas fuertes y sólidas: un propósito final.


Fotografía 5.

La composición espacial nunca es en esta maravillosa obra una característica aplastada, minimizada o limitada por la técnica constructiva y el material que ésta incluye. El juego magistral de los espacios, sus configuraciones propias y sus distribuciones en el conjunto son únicos y sorprendentes, cada espacio se encuentra donde debe estar y donde debe ser. La monumentalidad magna del material usado no se hace presente en las celdas interiores y privadas del convento: espacios que invitan a la silenciosa meditación sin asfixiar nunca nuestras respiraciones. La fachada, pese a sus proporciones, no destruye al ser humano y lo obliga a alejarse, la capilla abierta, situada a un costado de la Iglesia, con aquella inmensa forma de bóveda de cañón de diecisiete y medio metros de largo y doce metros de alto no hacen más que invitar a los seres humanos a acercarse y ser uno con aquella configuración espacial.

De alguna peculiar manera, el conjunto buscaba imitar la grandeza divina tan temida por los indígenas, pero tan respetada por su capacidad de transformarse en hombre mismo, guardando una misma escala con los seres humanos, invitándolos a entrar en su misterio. Cada espacio es un antecesor necesario del siguiente, cada sitio y cada rincón se ubican de tal manera que respeta al anterior y al próximo, la iglesia, grandiosa y bella, situada junto a la capilla abierta que no hace más que complementar la invitación. La entrada noble al convento, para dar paso a un modesto vestíbulo que comunica al claustro y al jardín, bello y abierto al cielo.

La composición dinámica de la obra se refiere al dinamismo de las formas, externo a las limitantes del material elegido ¿Cómo puede ser posible que las formas presentes en este proyecto tan antiguo logren despertar en nosotros tanta admiración y respeto? El magno claustro, con sus arcos ojivales en planta baja, memorias del imponente Gótico, y los arcos de medio punto de la planta alta, reflejos del inmenso Renacimiento, existen unidos, uno frente al otro, en constante oposición, pero en única unidad, sin olvidar nunca la existencia del hombre mismo. Las humildes formas que enmarcan los pasillos y las habitaciones del interior del convento, las sencillas y vanas formas que conforman la alta torre de la iglesia.

El mirador, ubicado sobre la breve entrada al convento, apenas enmarcado por pequeños arcos, pero en cuyo interior se alza una vista espectacular nunca imaginada. Los estratos anteriormente descritos son, sin embargo, sólo estratos exteriores de las obras arquitectónicas, estratos distintos a éstos son los que hablan en realidad de aquello que la arquitectura guarda en sus profundidades. Hartmann lo dice: "No toda obra arquitectónica posee los estratos más profundos del trasfondo, aquellos que dicen algo de la vida y del ser anímico de los hombres que las construyeron" [20].

El espíritu o sentido de la solución en la composición según el propósito es un estrato representado por el punto de vista didáctico que poseían los frailes en su búsqueda por la construcción del convento. No es casualidad que las formas arquitectónicas estén siempre acompañadas por el arte de la pintura, cuyos motivos muestran siempre el mismo tema: pasajes de las escrituras que buscan enseñar a los indígenas de la época, todos los aspectos propios del cristianismo. La capilla abierta posee un mural rico en imágenes con dicha temática, muchas de las pinturas que aún se observan hoy en día en los muros del ex convento muestran de igual manera los ideales de los cuales los frailes partieron, y a los cuáles deseaban fervientemente regresar. No es simple coincidencia que la vida de San Agustín de Hipona aparezca en un gran mural en la portería. San Agustín de Hipona, personaje crucial y base a partir del cual parte la Orden Agustina: hombre de fe, cuya fama cristiana lo recuerda y lo mantiene vivo. Pero el primer estrato interno no se basa en la pintura como aspecto único; todos los espacios arquitectónicos comparten de repente esta misma visión. Cuando se observa por vez primera la capilla abierta, uno permanece petrificado y admirado por aquel sutil efecto: el complejo impone, sí, pero en cualquiera de sus espacios la invitación permanece intacta y abierta: la meditación y la guía repleta de fe que envuelven nuestro espíritu. Este hecho liga de alguna manera nuestro segundo estrato interior: la impresión del conjunto de las partes y el todo.

Cada espacio y cada rincón del convento comparten la misma magia, el visitante descubre de repente cuál es el propósito de aquél sitio: mostrarnos el camino a la verdad absoluta, al caminar por los espacios del conjunto, el efecto es siempre el mismo: fiel reflejo de valores y de preceptos que aún flotan en el aire, pero ¿a qué atribuirlo? a la penumbra que invade los espacios, al silencio infinito producto del aislamiento contra el mundo externo, a las formas vanas y simples del interior, a las formas pesadas y bellas de cada fachada, a la monumentalidad, a las pinturas. Se respira quietud y se perciben nobles, rígidos y valiosos preceptos, que han sobrevivido al paso del tiempo. La vida dentro del convento, la meditación y la búsqueda hacia valores más altos, todo ello puede sentirse, puede experimentarse en el interior. Una vida pasada que fue y que continúa siendo envuelta en los espacios arquitectónicos que traspasan el tiempo, el espacio y el olvido.

El último de los estratos interiores se devela entonces lentamente: la expresión de la voluntad vital y del modo de vida de los hombres. De súbito, al entrar a la iglesia alta y monumental; mientras se camina por el amplio y verde jardín del convento que mira al cielo azul; se entra en aquellos pasillos amplios y repletos de penumbra, con aquellas miradas delicadas al exterior enmarcadas con formas ovaladas y disformes, se reflexiona silenciosamente dentro de las celdas bellas y quietas del interior, o se experimenta una inexplicable sensación al permanecer en el centro del claustro, podemos ser capaces de comprender sólo por un instante el significado mismo de la vida de aquellos personajes tan antiguos y lejanos. Actividades que han sido inmortalizadas gracias a una sólida tradición, valores humanos que aún permanecen en silencio.


Fotografía 6.

La razón del ser que habitó aquellos espacios. Ser un fraile que vive de la meditación, la respira y la siente alrededor, firme a su misión evangelizadora, cuya causa es justa; luchar enseñando pacientemente el mundo civilizado en un nuevo mundo, ajeno y lejano del hogar querido. Un cielo azul distinto y distante del conocido, lidiar con costumbres nuevas y desconocidas. Ser padres comprensibles frente a creaciones desamparadas. La arquitectura cumple así con un fin: mostrar valores humanos emanados de una sólida vida basada en la tradición, los sueños y creencias puras. La arquitectura, que es reflejo del hombre mismo, y en cuyas profundidades se encuentra la verdad misma develándose.


Algunos aspectos a considerar
Conclusiones


Fotografía 7.

Debe existir un cambio en la actitud de los arquitectos, que permita un acercamiento con las personas que le rodean, quienes no comprenden los alcances que pueden generar adecuadas intervenciones arquitectónicas en sus modelos de vida. Es indispensable desarrollar métodos que nos permitan acercarnos a ellos, conocer y comprender sus necesidades reales, ya que muchas veces es difícil para ellos mismos tener ideas claras de solución o deseos específicos de lo que se quiere, ya que la cantidad de información y las influencias ideológicas no lo permiten.

Los arquitectos, por su parte, deben observar y descubrir las necesidades reales, así como los aspectos culturales que rodean a la sociedad, la imitación no es el único medio de satisfacer necesidades espaciales, cada región posee características y aspectos propios que deben ser tomados en cuenta. La observación y la crítica deben ser dos herramientas indispensables en el quehacer arquitectónico, es difícil generar ideas y soluciones aptas, y comunicarlas a las personas que nos rodean, quienes emiten juicios. Siempre hemos tenido una falsa idea de crítica, y creemos que todo aquello que no elogia es ofensa, cuando la crítica en contra es la mejor manera de descubrir errores o puntos débiles.

Debemos considerar, antes de la imitación o la satisfacción de necesidades basadas en ella, la riqueza que posee cada sociedad. Octavio Paz lo expresa en su obra "El laberinto de la soledad", las sociedades mexicanas están repletas de mitos expresados en ritos, de creencias y de elementos culturales diversos. Los mitos y las fiestas cumplen con un objetivo cultural específico: "El hombre, prisionero de la sucesión [de la vida cotidiana global], rompe su invisible cárcel del tiempo y accede al tiempo vivo: la subjetividad se identifica al fin con el tiempo exterior, porque éste ha dejado de ser medición espacial y se ha convertido en manantial, en presente puro, que se recrea sin cesar.

Por obra del mito y de la fiesta (…) el hombre rompe su soledad y vuelve a ser uno con la creación. Y así, el mito (…) reaparece en casi todos los actos de nuestra vida e interviene decisivamente en nuestra historia: nos abre las puertas de la comunión" [21]. La fiesta y el mito son dos elementos culturales profundamente arraigados a nosotros, y muchas veces exigen la creación de espacios arquitectónicos propios para poder existir entre las actividades de los seres humanos [22].

Muchos de estos aspectos culturales, así como el desarrollo de una visión que permita comprenderlos, no son enseñados en las escuelas de Arquitectura. El modelo de enseñanza ha seguido un mismo modelo, descrito con anterioridad, que debe ser modificado para cumplir con otros fines. "Al hacer uso de la razón, podemos aprender muchas cosas necesarias para la vida. Cosas que vamos a necesitar para el trabajo, para manejar máquinas y aparatos, para poder expresarnos con propiedad, para enterarnos de lo que pasa y ha pasado en el mundo, para saber vivir en la sociedad. Es decir, con el desarrollo de nuestra capacidad de razonar vamos a adquirir toda una serie de conocimientos [23]. Estos conocimientos deben centrarse en el desarrollo de capacidades analíticas en los estudiantes, para que puedan observar, analizar y comprender el medio que les rodea, y ser capaces de generar propuestas adecuadas que satisfagan necesidades reales de habitabilidad. La Arquitectura conforma parte de la cultura que define a una sociedad, ya que permite el desarrollo de actividades clave de los grupos humanos a los que satisface. "La educación debe concebirse (…) como un esfuerzo de la vida misma que se defiende contra una civilización, la cual aparentemente prepara muy bien a los hombres para vivir, convirtiéndolos en autómatas perfectos, pero son voluntad, ni inteligencia, ni sentimiento; es decir, sin alma [24].

¿Cómo luchar contra la globalización y su inclusión en la Arquitectura? Es sabido que la situación de México obliga a la adopción de la tecnología y la modernidad como medio de progreso para el mejoramiento de los niveles de vida y la resolución de problemas de vivienda, pero, no debemos olvidarnos de aquello que es nuestro. "Tenemos que aprender a mirar cara a cara la realidad. Inventar, si es preciso, palabras nuevas e ideas nuevas para estas nuevas y extrañas realidades que nos han salido al paso. Pensar es el primer deber de la "inteligencia" [25]. Formas y soluciones arquitectónicas que utilicen a la tecnología y las nuevas técnicas generadas para solucionar problemas regionales, con necesidades espaciales definidas, aspectos y condiciones climáticas propias y una ideología específica.

Es trabajo del arquitecto, observar, conocer y tratar de frente con la gente que solicita sus servicios, somos diseñadores de espacios, capaces de trabajar, al igual que otros tantos diseñadores de ramas diferentes, sobre usuarios generales, cuando diseñamos edificios de gran magnitud y escala, que albergan a cientos o miles de usuarios con una serie de características similares, pero no específicas. Pero trabajamos también sobre el diseño de espacios particulares, individuales, dentro de los cuales viven y se desarrollan seres humanos definidos y únicos. Fernando Martín Juez, señala que los diseñadores (incluidos por supuesto los arquitectos) deben ser capaces de comprender, asimilar y expresar las metáforas de los usuarios. Los arquitectos, yendo más allá, deben ser capaces de guiar y asesorar a los usuarios para el logro de espacios que realmente satisfagan sus necesidades, lejos de las vanidades de la moda o las formas temporales. El hombre, el ser humano, posee una característica que lo distingue del resto de los seres humanos: su raciocinio, que le permite poseer un sentido de distinción y clasificación.

El arquitecto debe, siguiendo con este planteamiento, desarrollar dos cualidades fundamentales: una visión participante (ser capaz de profundizar, comprender y tomar para sí la problemática planteada) y una imaginación (o creatividad) prospectiva (cualidad que le permite descubrir el mayor número de variables en una situación y prever su interacción y sus consecuencias). Pero lo más importante, debe ser capaz de desarrollar una capacidad que le permita compartir, expresar y convencer a sus semejantes sus ideas y sus planteamientos, basados en un análisis de acuerdo al espacio y tiempo específico sobre el que actúa. El arquitecto debe dejar de ser exclusivamente constructor, y regresar a un concepto de arquitecto ya olvidado: aquella profesión que mira al hombre como un ser capaz de generar espacios, de acuerdo a sus características y cualidades físicas, psicológicas y de orden social, sin olvidar conceptos y valores estéticos para ir más allá de una simple satisfacción de orden física.


Notas

1. Me refiero a "vivir" como una acción en la que hemos experimentado sensaciones agradables o desagradables, pero que permanecen grabadas en nuestra mente como algo significativo, que ha dejado en nosotros recuerdos que somos capaces de evocar.
2. Bachelard, Gaston. "La poética del espacio", México: Breviarios Fondo de Cultura Económica, 1997, p. 135.
3. Paz, Octavio, "El arco y la lira", México: Fondo de Cultura Económica, 2003, p. 20
4. Bachelard, op. cit., p. 131
5. Krieger, Peter, "La ciudad", ponencia para el Seminario de Área Contextos de la Arquitectura, México: UNAM. 2004.
6. Paz, Octavio, op. cit., p. 23.
7. Ídem.
8. Franco, J.E, "Extracto del complejo de Nietzsche".
9. "Feria. Festejos de San Francisco", Apartado XI Monografía de Pachuca, Revista, Pachuca de Soto, Hidalgo: Gobierno del Estado de Hidalgo, 1987.
10. Bachelard, op. cit., p. 172.
11. Ídem.
12. Ver ensayo Sobre "la plaza de los héroes en Pachuca, una aproximación a su voluntad arquitectónica generatriz".
13. Briggs, John, Peat, David, "Las siete leyes del caos", Barcelona: Revelaciones, 1999.
14. Ver ensayo "La Arquitectura: Testimonio de un tiempo lejano y distante".
15. Briggs, Peat, op. cit.
16. Paz, Octavio, op. cit.,
17. Worringer, W., "La esencia del gótico", Argentina: Nueva Visión, 1973, p. 14.
18. Hartmann, Nicolai, "Estética", México: Universidad Autónoma de México. Primera edición en español, 1977, p. 147.
19. Hartmann, op. cit., p. 249.
20. Hartmann, op. cit., p. 252.
21. Paz, Octavio, "El laberinto de la soledad", México: Fondo de Cultura Económica. Tercera Edición. Segunda reimpresión, 2002, pp. 229-230.
22. Ver ensayo: "El mito como generador de espacios incomprendidos". Recuperado de http://www.geocities.com/jefrancowriter/arq.swf
23. Del Río, Eduardo, "El fracaso de la educación en México", México: Grijalbo, 2001, p. 119.
24. Ramos, Samuel, "El perfil del hombre y la cultura en México", México: Colección Austral, Planeta Mexicana. Cuadragésima segunda reimpresión, 2003, p. 89.
25. Ídem.

Imágenes y fotografías: Cortesía del autor.

Bibliografía

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Edgar Franco Flores