Arquitectura y Humanidades
Propuesta académica

Recomendaciones para la presentación de artículos y/o ensayos.


Del locus amoenus al objeto de uso

Amaya Larrucea Garritz


Para la mirada intempestiva, es la mirada al pasado lo que permite la comparación
con la palidez del presente; el pasado es un espejo en el que todo lo actual aparece
como afectado de una enfermedad debilitadora.
Nietzsche

Imagen1.

El espacio abierto urbano es para las poblaciones citadinas, el último reducto del locus amoenus clásico. El concepto que da origen a este lugar, se encuentra totalmente perdido en nuestras urbes, sin embargo, comprender sus características y buscar la manera de hacerlos presentes en proyectos contemporáneos, sin duda nos llevará a propuestas que garanticen un enriquecimiento de la vida urbana.



Imagen2. El paisaje habitado por los dioses no difería en absoluto del ocupado por los humanos

Pero, ¿cómo aparece la idea del locus amoenus y qué características tiene? Encontramos este concepto en diferentes obras literarias. En la tradición clásica la glorificación del mundo empieza con Homero: la naturaleza participa de lo divino. En el paisaje placentero tienen su morada las ninfas o Atena o Ártemis. En el jardín de Alcínoo, descrito en La Odisea, encontramos las características esenciales de todo locus amoenus: un prado muy fértil con árboles frutales productivos todo el año, una fuente o riachuelo, flores con el agregado de canto de aves y la eterna primavera y el soplo de la brisa de occidente -que es la misma que sopla en las cumbres del Olimpo.

Imagen3. El jardín de Alcínoo en La Odisea

En los poetas posteriores, estos motivos del paisaje homérico se convierten en canónicos y forman un patrimonio estable que se va a codificar en la retórica. En esta codificación pierde su carácter vital convirtiéndose en un motivo meramente ornamental. Antes de que ocurriera esta transformación es importante resaltar, que en la poesía antigua el paisaje habitado por los dioses no difería en absoluto del ocupado por los humanos. Lo que más valoraban los poetas griegos del paisaje placentero era ante todo la sombra, el sonido de una fuente y una alfombra florida donde se sientan los enamorados a quienes canta el poeta. Estos temas de la poesía bucólica se repitieron durante dos milenios siendo desde luego Virgilio el que llevó la poesía pastoril y el tema del locus amoenus a su forma más acabada.

Imágenes 4 y 5.

Amoenus -ameno, agradable, placentero- es el adjetivo que Virgilio aplica permanentemente a la naturaleza hermosa. Algunos autores hacen derivar la palabra de amor, los "lugares amenos" sirven para el amor y específicamente en la poesía bucólica están excluidos de todo fin utilitario. Es a partir de Ovidio y sus epígonos que las descripciones del locus amoenus se convierten en ejercicios de virtuosismo en el que los poetas compiten por superarse en la proliferación de elementos, hasta constituirse en una descripción técnica despojada de toda vitalidad. En Ovidio aparece la pérdida de la unidad entre lo divino y lo humano para convertirse en una mera riqueza de la representación. Esta unidad vital es rescatada sólo hasta el renacimiento particularmente en el Polifilo al que me referiré más adelante.

Imagen 6. El Paraíso terrenal, Lucas Cranach el viejo, 1530.

La imagen del locus amoenus por excelencia nos remite, por supuesto, al paraíso terrenal. Conocemos, sin embargo, diferentes variantes de este símbolo. Existe en la tradición protestante [1] la idea que sostiene que el paraíso terrenal, es decir el jardín de las delicias, era la tierra entera que proveía sin que los humanos tuvieran que cansarse y por ello eran poseedores de la felicidad perpetua. Entonces, la expulsión no fue tanto de un lugar como de un estado, la forma de concebir el lugar cambió y en esa medida se modificó el espacio. Si esto es así, el humano puede reconstituir ese estado por medio de la rememoración y así construir el locus amoenus. Este sería entonces una forma de vida, una actitud ante la vida que puede ser propiciada por un espacio abierto que evoque y transporte a quien lo viva a ese estado de ánimo que no es otro que el antiguo ideal griego de naturaleza, cuya desaparición ya ha denunciado Asunto [2].

Imagen 7. La ecumene de Cosme Indicopleuste, Topografía cristiana

Imagen 8.Mapamundi de la Catedral de Hereford.

Imagen 9.Mapamundi que acompaña el Polychronicon de Hygden. Siglo XIV


Durante toda la edad media cristiana se incorpora el locus amoenus como requisito poético, sobre todo en las descripciones del paraíso terrenal que es un lugar ideal del que el hombre esta expulsado y donde la unidad entre dioses y humanos no existe. En general, en este periodo este lugar es una rosa y como tal perecedera, por ello estos autores nos remiten a la rosa del cielo, un lugar fuera de este mundo.

En la épica medieval se utiliza el paisaje como escenario de la acción, por ejemplo en el Cantar de Roldán aparecen árboles y colinas en las escenas de lucha. También tiene lugar un concejo militar "bajo un laurel" acompañado de la fuente, el arroyo y el prado que lo revelan como unlocus amoenus. Va a ser la novela cortesana la que restaura el lugar central del locus amoenus, desde Parsifal, criado en un bosque y en el Cantar de mío Cid, donde el suceso central de la afrenta de sus hijas ocurre en un "vergel con una limpia fuente". Es sobre todo en el Roman de la Rose de Guillaume de Lorris, donde el locus amoenus ocupa el lugar central; es en el jardín cerrado- hortus conclusus- donde ocurre tanto el acceso del personaje a la orden de caballería como su enamoramiento y la conquista de la dama. El giro fundamental que da -"El sueño de Polifilo"- (Hypnerotomachia Poliphilli, Venecia, 1499), atribuido a Francesco Colonna, es la identidad en la transformación y evolución del personaje y la transformación y evolución del locus amoenus que ocurren en paralelo. El libro en su conjunto es el trayecto iniciático de Polifilo cuya finalidad es conseguir la sabiduría, simbolizada por el amor de Polia. (De hecho, Polifilo quiere decir "enamorado de Polia") Conforme va avanzando el texto los loci amoeni van siendo cada vez más elaborados, la mano del hombre es más notoria y al mismo tiempo va aumentando la elevación del personaje, representada como un aumento de la devoción tanto a su amada Polia como hacia la tierra. Las transiciones de un momento de esa ascensión son notorias al irse produciendo un lugar cada vez más bello, acorde con el aumento de la belleza del alma del personaje, con ejemplos de mejor arquitectura y mayor calidad en la naturaleza construida en los jardines. Las descripciones de estos elementos produjeron la influencia decisiva de este texto en la tratadística arquitectónica posterior y de manera esencial en la escuela italiana de jardinería.

Imagen 10.El locus amoenus como lugar construido en el Roman de la Rose de Guillaume de Lorris


Quisiera destacar dos aspectos centrales del Polifilo. El primero se refiere al jeroglífico sobre un puente que aparece en el capítulo siete. Tiene un anillo (semper), un delfín (festina) y un ancla (tarde): Semper festina tarde: "Apresurate siempre lentamente". Se suma a este motivo la aparición de cinco ninfas que representan los sentidos. El despertar de los sentidos es la forma de alcanzar el Palacio de Eleuterílida la reina que representa el libre albedrío. El apresurarse lentamente, la apertura de los sentidos y la posesión de la libertad son los elementos que hacen posible que Polifilo acceda a la sabiduría, o lo que es lo mismo, al amor de Polia, finalidad de toda la historia. Las ninfas, -sus sentidos- le recomiendan entonces: "Pon en fuga cualquier aflictiva tristeza y rehaz tu ánimo alegrándote con nosotras y, desechado todo temor, entrégate al placer" [3].

El segundo aspecto es que habiendo conseguido la sabiduría, el camino ya está abierto. Esto se prueba con su buena decisión de continuar el camino por la puerta "Madre del Amor" desechando las otras dos, "Gloria de Dios" y "Gloria Mundana". De esta forma es conducido a la Isla de Citerea , un jardín muy elaborado con la codiciada "Fuente de la Vida" en el centro. El encuentro consigo mismo propiciado por el locus amoenus es la única posibilidad de llegar a la fuente de la verdadera vida que significa eclosión de la misma y la inserción del personaje en ella. El jardín de las delicias es la obra del humano que reproduce la naturaleza para demostrar que ha dominado sus secretos. En el fondo pues, el locus amoenus es la expresión visible del humano que posee un infinito de riquezas interiores. Es una solución de continuidad con respecto a la vida cotidiana.

Dejando al Polifilo y acercándonos en un enorme salto que por su sola temporalidad explica los profundos cambios, el espacio abierto urbano que hoy es el más cercano a la mayoría de las personas, dista profundamente de los conceptos que hemos mencionado. Su interés se centra en su oferta de actividades, en su uso objetual y en hacer extensivo el movimiento incesante de la ciudad. Vemos en nuestras ciudades parques y jardines públicos repletos de "máquinas para divertirse", rentados para negocios. Su situación contextual los presiona, los aniquila, sin embargo, surgen hoy opciones alternativas como el ecoturismo urbano, que rescata los valores naturales de los emplazamientos que alrededor de la mancha urbana. La propuesta es entonces incluir en estos nuevos proyectos los valores del locus amoenus y por supuesto, no me refiero literalmente a los elementos que lo conforman, sino a las posibilidades de enriquecer la apertura de los sentidos, de invitar una fresca brisa, de apresurarse lentamente y de proveer las condiciones para colaborar a que en ellos el hombre pueda encontrar en sí mismo el paraíso terrenal. Quiero finalizar con estas palabras de Assunto profundo estudioso del jardín: "En el goce estético del jardín el hombre hace infinita en sí mismo como ser pensante su propia finitud de mero viviente".

Notas

* Ponencia presentada en el 2° Coloquio Nacional de Teoría de la Arquitectura, Facultad de Arquitectura, UNAM, 2006
1. Vadian y Goropius: Goropius, "Origines antwerpianae", Amberes, 1569
2. Asunto, Rosario, "Ontología y teleología del jardín", Tecnos: Madrid, 1991.
3. Colonna, Francesco, "El sueño de Polifilo", Murcia: Comisión de Cultura del Colegio de Aparejadores y Arquitectos Técnicos, 1981, p. 70

Imágenes y fotografías: Cortesía del autor.


Biblografía

Asunto, Rosario, "Ontología y teleología del jardín", Tecnos: Madrid, 1991. Colonna, Francesco, "El sueño de Polifilo", Murcia: Comisión de Cultura del Colegio de Aparejadores y Arquitectos Técnicos, 1981. Vadian y Goropius: Goropius, "Origines antwerpianae", Amberes, 1569.

Amaya Larrucea Garritz